Héroe, toda investigación eventualmente llega a un momento en el que la verdad ya no importa. Lo que importa — es la elección. Y Cousteau hizo la suya. Hoy, descubrirás cómo terminó la historia de flechas, sombras y celos.
Su conversación duró mucho tiempo. Entre el explorador imperial y la arquera, no volaron flechas — solo sarcasmo. Cousteau lanzó sus palabras con más precisión de la que solía lanzar cuchillos, y Sevilla dejó volar las suyas con la misma gracia mortal que usaba al apuntar al rival que se había atrevido a mirar a Bobby. Esto no fue un interrogatorio — fue un duelo de palabras entre dos personas que habían aprendido a sobrevivir. Y a ganar.
“Diría que eres demasiado inteligente para seguir vivo,” comentó finalmente Fox, rozando la cuerda del arco con los dedos, “pero creo que eso me gusta un poco.”
Cousteau no desenvainó su espada. En su lugar, ofreció un trato. Simple, pero práctico: si el Sindicato prometía comportarse un poco más civilizadamente en la capital, entonces tal vez el caso podría quedar sin resolver. Después de todo, un pretendiente muerto era una cosa. Pero una guerra con un Sindicato peligroso? Eso era algo completamente diferente.
Sevilla no dijo “sí.” Simplemente devolvió la flecha a su carcaj. Esa fue su respuesta. Al igual que sus palabras de despedida: “Si algo sucede — empezaré contigo, Cousteau.” Y desapareció en la oscuridad, como siempre. Silenciosa. Precisa. Final.
Cousteau se quedó, sonriendo. Porque son momentos como estos los que dan origen a... alianzas no oficiales. Y leyendas.
Dicen que después de esa noche, las flechas aparecieron con menos frecuencia en la capital. Pero cualquiera que viera a Bobby “La Tumba” en las calles ya sabía: no sostengas su mirada. Y ni pienses en sonreírle. Porque la sombra detrás de su espalda no había desaparecido. Simplemente había decidido — por ahora — no disparar.
La historia llegó a su fin… pero ¿quién dijo que realmente ha terminado? Tal vez, Héroe, es el comienzo de algo nuevo.