Héroe, la verdad no siempre se revela en el silencio de las oficinas. A veces, para descubrirla, uno debe adentrarse en los rincones ocultos de la ciudad — lugares donde las palabras tensan el arco más rápido que los pensamientos. Hoy, serás testigo de un encuentro que podría haberse convertido en una batalla... pero en su lugar, se convirtió en una prueba de paciencia.
Cousteau sabía: encuentra a Bobby "Tumba," y la encontrarás a ella también. La lógica era tan simple como una hoja forjada. Y funcionó. En uno de los oscuros callejones de la ciudad, se topó con una silueta familiar — Bobby, tranquilo y siempre alerta, con una mujer a su lado, arco en mano, su mirada más afilada que cualquier flecha.
"¿Debes ser Sevilla?" dijo Cousteau con una sonrisa oculta. Su voz era ligera, como si se tratara de un encuentro casual entre viejos amigos, no un intento de detener una serie de muertes. "¿Puedo preguntar: por qué tus flechas parecen tan... particularmente atraídas a aquellos que se quedan un poco demasiado admirando a tu hombre?"
Sevilla entrecerró los ojos. Algo punzante y peligroso parpadeó en su mirada. "¿Quizás porque esas personas... tienen un gusto terrible?" respondió, lanzando una mirada condescendiente sobre él, deteniéndose en su armadura desgastada.
Cousteau simplemente se rió, añadiendo un poco más de ironía al aire. "No soy un enemigo aquí, mi señora. Pero ya sabes, Su Majestad valora el orden. Y tus flechas... bueno, ¿cómo lo diré educadamente... están alterando un poco las estadísticas de población de la capital?"
Un silencio se cernió entre ellos — no hostil, pero tenso, como una cuerda de arco demasiado tensa. En algún lugar a lo lejos, los pasos de una patrulla resonaban, y arriba, el viento susurraba a través de las banderas de la ciudad, haciéndolas temblar como si también sintieran el frágil equilibrio del momento.
Y en ese momento, Cousteau se dio cuenta: no estaba frente a un asesino, ni a un fantasma. Ante él estaba una mujer preparada para defender su corazón y a su Bobby con todos los medios que conocía. Incluso si eso significaba convertir el amor en flechas…